29 nov. 2009

Comentando " Maestros de la fotografía"





GREGORY CREWDSON

Ciertamente el documental me ha impactado. Me ha descubierto un mundo enorme y basado en el comercio, que si bien intuía y alguna referencia  tenía, me ha sorprendido, lo reconozco.

¿Qué es ser fotógraf@ en este momento? Supongo que existen múltiples definiciones, depende de quien opine y en qué momento se encuentre...

Me ha llamado mucho la atención de cómo realiza las fotos Gregory Crewdson... Tras lo visto, más que fotógrafo, para mi sería un director de películas instantáneas, ya que ni se pone tras la cámara. Con grandísimos conocimientos técnicos y creativos, pero que llega a los resultados que llega en gran parte porque no sería lo mismo si no tuviera el dinero necesario para realizarlo.
Una amiga mía dice que con dinero es muy fácil ser artista. Yo le añadiría el cerebro y las ganas. Pero comparto su apreciación...
Al ver como realiza las fotos me pregunto donde queda el romanticismo, al menos tal y como yo lo concibo, es como que todo, la realidad de un instante, queda globalizado y monopolizado por el dinero.
El resultado es precioso, al mi al menos me lo parece, y consigue captar mi atención y dejarme embobada, pero... ¿el fin justifica los medios? ¿no hay demasiados condicionantes y "ruído" entre el emisor y receptor? Es un acto de creación, cierto es, con un resultado magnífico, pero para mi pierde el sentido y lo valoro menos. Quizás porque en mi vida cotidiana huyo de la mentira y lo artificial, o naturalmente preparado.

El mundo capitalista que hemos creado el autoproclamado primer mundo, es un mundo basado en la superficialidad, en el tanto tienes tanto vales, en las apariencias  y  el engaño. Formamos parte de esta gran mentira, y llegamos a creérnosla. Nos mimetizamos correctamente, y pasamos a formar parte de esta gigantesca maquinaria. Nos convertimos en hombres y mujeres grises.
La verdad, el contacto con lo puro, es lo que nos emociona como especie. Yo aspiro a que mis emociones se basen sobre hechos reales, de verdad, que son y que están...

No obstante, es innegable la calidad fotográfica y la potencia de las imágenes, pero no consigo valorarlo, en su supuesta justa medida, por todo lo que rodea el proceso. Más he de decir que me alucinan las imágenes, la luz y consiguen transportarme.

El papel de los marchantes es como el de un broker en la bolsa... El mercado ha cambiado el significado de ser fotógraf@... Muestra a l@s fotógraf@s como empresari@s...
y me vuelvo a preguntar... ¿dónde quedó el romanticismo? No es que el profesional de la fotografía tenga que vivir del aire, o ser pobre para ser digno, no quiero decir eso. El fotógrafo o la fotógrafa ha de valorar y ponerle precio a su trabajo, sin desmerecerlo.
Pero creo que se ha llegado a un nivel de locura inmoral. Me parece una aberración que alguien sea capaz de pagar 2 millones 600.000 dolares para poseer algo material, mientras el planeta y millones de personas agonizan.
 Creo que la fotografía puede cambiar conciencias, puede cambiar un trocito de mundo, puede hacer pensar, puede emocionar, y eso ni se compra ni se falsea.

Eso sí, libertad de creación, de propuestas y de intenciones, pero con conciencia.

Muy interesante, sí señor D'Costa... ¿Aprenderemos todo eso en este curso?

1 comentario:

;) dijo...

Hace unos meses tuve la oportunidad de acercarme a la realidad de las galerías de arte.
Un hombre entraba en la galería y se dirigía directamente al dueño.
Ni siquiera miró las paredes donde se exponían los cuadros.
Ambos charlaron unos 5 minutos y salieron juntos, para reghresar al cabo de un cuarto de hora.
El hombre se fue y el dueño de la galería volvió a integrarse en la recepción que había organizado para promocionarla.
En el transcurso de veinte minutos doce mil euros cambiaron de bolsillo.
Puede que dentro de unas décadas dos óleos monocromos de Yturralde valgan doce mil euros, o puede que el fugaz visitante los haya perdido.
Ni al visitante le preocupa: sus doce mil euros harán subir el valor de los óleos y, en cualquier caso, le sobra el dinero.
Deseo fervientemente que la crisis del ladrillo se transmute en crisis del pincel para que lleguemos a valorar en su justa medida lo que valen las cosas.